21 de marzo de 2008

La pedriza

Crónica de una quedada por la Pedriza. -21/03-

Equipo: Carrascosa, Chango y un servidor.

Llegamos en coche hasta la entrada del Parque de la cuenca alta del manzanares, zona conocida como La Pedriza, una vez allí, preparamos las máquinas y todo el equipo, son las 16:30, vamos bien pero no debemos demorarnos por el tema de la luz, la temperatura es buena debido a que estamos bien resguardados del aire en esta parte baja de la cuenca, así pues, nos ponemos en marcha.

Tomamos un sendero de aproximación que discurre entre jaras y monte bajo, ya empieza a notarse la fragancia de la jara, un verdadero deleite para los olfatos más finos, desde este momento la pendiente siempre será ascendente, exceptuando un par de descansillos que hay a lo largo de la subida.

Tomamos las primeras rampas por la pista forestal, ésta discurre entre pinos que dejan ver las primeras y enormes piedras graníticas que hay en esta zona, verdadero espectáculo de caprichosas formas que la naturaleza ha ido creando por la erosión de la piedra, por la pista nos cruzamos con numerosos grupos de senderistas que vienen de pasar el día, así pues, seguimos subiendo, la pista es ancha y bastante limpia. Sin mucha complicación dejamos atrás las primeras rampas, a nuestra derecha dejamos el Pico de la higuera y a nuestra izquierda la Peña del mediodía, seguimos subiendo hasta alcanzar el primero de los descansos, aquí aprovechamos para relajarnos y comentar la belleza del paraje, poco a poco y dejándonos caer, llegamos hasta la Fuente del Retén, lugar donde el camino vuelve a picar hacia arriba.

Tras pasar la portilla, empieza la verdadera ascensión, se trata de una larga pista, y, que para poder salvar el desnivel, el camino se abre enormemente a través de la ladera, así pues, a medida que asciendes puedes ver el valle desde numerosos y distintos puntos de vista, aquí, sabiamente, Jesús me va explicando el terreno por el que pasamos y en una de sus curvas decidimos tomar las primeras instantáneas que nos inmortalicen, dada la altura divisamos a lo lejos los infames rascacielos que irrumpen violentamente el cielo madrileño. Durante la ascensión unas veces el aire entra de frente y en las menos a favor, en un punto medio de la ascensión miramos la temperatura y marca 5 escasos grados, uff -¿que será de nosotros ahí arriba?-, se pregunta el narrador, que incauto de él iba en mangas cortas.

Alcanzamos, en este punto, el Collado de los Pastores, lugar desde el que podemos apreciar de manera privilegiada las diferentes formas que toma el granito y observar una nueva perspectiva de la cuenca. En este punto del alto, nos cruzamos con un grupo de bikers disfrutando de las excelentes vistas, aquí el aire entra con más fuerza, así, que decidimos no parar mucho tiempo y continuar, comienza el segundo de los descansos e incluso el camino torna en un breve y ligero descenso, que nuestras piernas agradecen.

Ya, sólo quedan las últimas rampas hasta el comienzo del descenso, así pues, y aprovechando los últimos rayos de sol decidimos apretarnos la barrita o pieza de fruta de rigor, el sol se retira a gran velocidad, así que, decidimos continuar rápidamente para no perder temperatura, como bien dijo Chango en algún punto, - ¡¡llevamos la estufa encendida!! -, y, esto es lo que nos mantiene en calor.


Por fin, superamos las últimas rampas y llegamos al verdadero mirador de toda la ascensión, se trata de un balcón de piedra que sobresale de la ladera poniendo a prueba las leyes físicas de la gravedad, aquí, decidimos parar brevemente, pues el frío nos tenía atenazados tanto los dedos de los pies como los de las manos, en mi caso los dedos presentaban ya claros síntomas de insensibilización, así pues, realizamos alguna instantánea más, y decidimos dejar para otra ocasión la desviación que asciende hasta la Pradera de la Nava.


Aquí, comienza el largo y sinuoso descenso, vamos tomando confianza y aumentando la velocidad a medida que descendemos, poco a poco, vamos dejando atrás las primeras curvas que no ofrecen mucha dificultad, hasta que sucede lo que algunas veces tiene que suceder, y es que, en una de las curvas a izquierdas la acumulación de piedras en mitad de la curva hacen que me lleve un verdadero susto, éstas hacen que deba frenar más de la cuenta, y por tanto, abrir más la trazada de la curva, pero aquí, una monumental cruzada de la bici en el extremo de ella, casi me manda a buscar setas por el valle. Chango hace de espectador privilegiado y no duda en decirme que: - ¡¡¡no valen coger atajos y, sigue el camino!!!-, a partir de aquí me guardaré de que así sea, –uff…madre mía…¡¡cómo, me he visto!!-, superado el percance seguimos bajando aunque de forma más prudente.

En la parte final del descenso la pista se transforma en un viejo camino asfaltado, aquí, comentamos que es una lástima no poder tomar alguna de las numerosas sendas que hay, y, no podemos puesto que al ser éste un Parque Regional, las bicicletas no pueden salirse de la pista, en fin, tenemos que resignarnos y acatar la normativa, muy a nuestro pesar.

Justo antes de llegar a un pequeño aparcamiento, tomamos un camino a la derecha, para iniciar las últimas rampas, que nos llevarán de nuevo a la Fuente del Retén y así volver sobre nuestros propios pasos, en este último trozo la subida se hace especialmente dura y pone a prueba las piernas y las reservas de cada uno. La noche se nos va echando encima, así que, apretamos en el último tramo de bajada, no sin antes tomar las últimas fotos de un anochecer espectacular y de la salida de una luna del tamaño de un “queso”, -verdaderamente espectacular-, aquí, Jesús y Jorge aprovechan para instalar sus lámparas que nos ayudarán a afrontar la última parte del camino.

Al final, recopilando datos, nos salen 45 km y 1200m de desnivel acumulado en 3 horas de pedaleo.

Una vez más, un verdadero espectáculo de ruta, de día, y un lujo de grupo, gracias compañeros, y que se repite cuanto antes.