5 de junio de 2008

Río Moros y Hoya de San Blas

Crónica de una quedada de emergencia.

Equipo: Juanma y el que suscribe.

Salimos sobre las 9:30 de la estación de Cercedilla dirección al alto de la Fuenfría, si bien es cierto, ésta subida se está convirtiendo en todo un clásico- sino lo es ya- me doy cuenta de ello cuando Juanma a la altura del mirador de la Reina me dice- oye vamos bien, vamos a bajar de la hora-…nnmm ¿?... le digo- increíble, se me ha pasao volao- clara señal de que ésta subida es ya todo un clásico.

Una vez arriba seguimos la pista hasta el Collado de Marichiva, que nos abre paso al vertiginoso descenso que lleva su mismo nombre, nos dejamos llevar por la pendiente pese a las innumerables piedras que se encuentran a nuestro paso, en un momento dado, era inevitable que sucediera, así pues, tanta piedra, tanto dejarse llevar, que al final…sucede lo que sucede, pellizco en mi rueda trasera –con lo bonito que estaba siendo, snif-, en fin, éstas cosas pasan en el momento más inoportuno, reparamos la avería, y seguimos rodeando el embalse de las Tabladillas para enfilar el descenso en paralelo al río Moros, este tramo me era desconocido, y debo decir, que ha sido un verdadero descubrimiento.

El descenso es limpio y sin mucha complicación por pista forestal, bajamos disfrutando del paisaje, saludando a forestales y regodeándonos con las maravillas del entorno. En un momento dado giramos a la izquierda por una pista que nos llevará a la carretera que sube al alto del León, en éste punto decidimos que un día de estos debemos aventurarnos en la búsqueda de un paso que una este punto y el camino del Arcipreste, dicho queda. Hoy no podemos evitar las últimas rampas del alto del León que aunque con cierta dureza, está claro, que lo más duro de la subida son los vehículos a motor y sus “malos humos”, al fin, dejamos la carretera y seguimos por el Arcipreste disfrutando de las vistas y charlando de todo un poco. Seguimos el camino que nos brinda un breve descenso y unas últimas rampas hasta Cercedilla.

Bueno, pues hasta aquí nuestra aventura…han salido unos 45 km y son algo más de las doce, comemos algo y…este es el gran momento…, me dice Juanma - ¿oye, tú qué haces ahora?-, -pues no sé, aún es pronto- le digo; ¡¡¡ya la hemos liao!!!, que qué hacemos?, pues venga, vamos a la Hoya de San Blas, -sí señor, enorme idea has tenido Juanma- así que cogemos los coches y en media hora nos plantamos en Soto, dispuestos a hacer doblete en la jornada de hoy.

Allí que nos plantamos, sacamos las monturas, preparamos el equipo y en marcha, despacito que hay que coger ritmo y temperatura, -ésta zona para el que no lo sepa es domino de Juanma, así que, para mí es un verdadero placer conocerla de primerísima mano, éste espectacular paraje está lleno de pinos y enormes piedras que hacen que el lugar tenga un encanto particular, -todo un verdadero lujo-, primeras rampas de aproximación que resultan especialmente duras después de un parón de media hora, la pista es buena con algún tramo entre rocas sin mucha complicación, seguimos subiendo poco a poco, vamos ganando altura, llegamos a un punto donde tenemos que decidir si alargamos el “segundo pase” o la hacemos algo más llevadera, sabiamente optamos por la segunda opción, esto nos permitirá saborear mejor el entorno y el magnífico paisaje.

Seguimos bordeando la Hoya hasta alcanzar el momento más esperado de ésta segunda parte, el descenso del peligro, pocas veces me he visto en una parecida, es una trocha de un par de km que salva más o menos unos 200 metros de desnivel, espectacular, con curvas de casi 180 grados, con el piso roturado en algunos puntos, piedras de consideración, raíces, árboles que pretenden abrazarte a su paso, en fin, una verdadera joya de las sensaciones extremas. Ya, que Juanma hacía las veces de anfitrión, me ha invitado a que abriera paso por dicha “senda”, lo cual, ha sido un verdadero placer para mí, -todo un honor compañero-, a partir de éste punto nos dejamos caer por pistas de gravilla hasta Soto donde llegamos al punto final del día.

Al final salen unos 70 km de verdadero placer y un desnivel acumulado de 1700m, gran día el de hoy, que me ha dado la posibilidad de conocer sitios increíbles de la mano de un verdadero especialista del terreno, gracias compañero.

Estas jornadas hacen que aumente mi pasión por éste deporte.