8 de junio de 2009

10000 del Soplao 09.

Después de todo un año preparando y esperando ansiadamente la cita, llega por fin el momento deseado por todos, el fin de semana de nuestra ruta predilecta ha llegado: Los 10000 del Soplao nos espera un año más en Cabezón de la Sal.

Ya, el viernes por la mañana no podía creérmelo, en unas pocas horas pondremos rumbo a esa mágica cordillera, que, como grandioso templo acogerá por tercera edición a 1200 de sus fieles más incondicionales dando lugar con ello a una de las procesiones más fervientes y con mayor hondura en éste mundo de la bici de montaña y en la que cada feligrés alcanzará el éxtasis no sin su buena dosis de sacrificio.

En el coche viajamos Pablo, Víctor y el que suscribe estas líneas, donde, desde el primer momento el buen ambiente y el sano cachondeo nos acompañan al tiempo que atravesamos parajes de una belleza deslumbrante para el alma por esas lejanas y bellas tierras de la provincia de Burgos, una espectacular zona de rocas erosionadas bañada por las aguas de un joven Río Ebro nos abre las puertas del Puerto del Escudo para descender por él maravillados por los bosques y las estampas naturales que nos ofrece.

La entrada a Cabezón es todo un acontecimiento y en su atmósfera podemos respirar el ambiente ciclista de las grandes citas. Las rotondas previas nos reciben anticipando de manera sutil lo que se nos avecina y una vez en Cabezón de la Sal recoger los dorsales y cruzar alguna que otra mirada cómplice con otros bikers van provocando en nosotros las primeras fuertes descargas de endorfinas del fin de semana.

Llegamos a Cos donde nos esperan Juanma y Feria que, como leal avanzadilla, han ido por delante preparando la logística para que todo estuviera perfecto para la ocasión. Una vez reunido todo el equipo nos preparamos para cargarnos de energía a base de abundantes platos de pasta y del mejor humor posible. Y de esta manera, cenando y comentando la ruta como chiquillos expectantes el día antes de recibir los regalos de reyes damos los últimos retoques a las máquinas hasta que al acercarse la media noche decidimos repartir las camas e intentar conciliarnos cuanto antes con los brazos de Morfeo, puesto que sabemos que hay que dormir, sí o sí, para afrontar lo que se nos avecina.


Disfrutando como críos.


Una fuerte tromba de agua nos despierta a todos durante la noche a excepción de Feria que plácidamente debe soñar con la carrera perfecta, esa a la que tanto se acercará. A las 6:00 de la mañana se da el toque de diana, el equipo se despereza y lo primero que hace es mirar al cielo, éste, está encapotado y amenaza agua en abundancia, a pesar de todo, la temperatura es buena y mientras siga así tenemos muchas posibilidades de que esta aventura llegue a buen puerto y, por qué no, incluso de disfrutar a pesar de la numerología de la prueba con sus 165 kilómetros y 4400 metros de desnivel acumulado.

Prácticamente sin darnos cuenta estamos pedaleando los 4 kilómetros que nos separan de la línea de salida, Pablo parece llevar el depósito a tope y avanza rápidamente mientras que los demás avanzamos con una cadencia mayor para ir calentando los músculos. Una vez en Cabezón la imagen es idílica, 1200 bikers esperan en la calle principal del pueblo a que se dé tan ansiada salida. Suenan los primeros compases del Thunders Truck de AC/DC, en éste momento noto como si mí espíritu empezase a gravitar al tiempo que creo estar físicamente levitando, y, a los pocos segundos, escuchamos la traca que acaba por colmar y erizar los cinco sentidos a cada uno de los que allí nos encontrábamos. Esto no ha hecho más que empezar.

Pasar por debajo del arco de salida al ritmo de AC/DC debe parecerse mucho a cruzar las puertas custodiadas por San Pedro una vez ganada la vida eterna y así en éste punto el éxtasis se generaliza.

Tocando el cielo.

Vamos dejando atrás las últimas calles de Cabezón, el ritmo es alegre, aquí todavía el equipo se mantiene más o menos en grupo pero al poco tiempo veo como Pablo y Feria comienza a rebasar ciclistas y es justo en éste mismo instante cuando la duda de la estrategia todavía sin despejar me asalta cual resorte liberado, -¿Qué hago?, -me digo- tiro fuerte e intento mantener un ritmo alto mientras pueda y ver qué sucede o por el contrario intento empaparme de la belleza de estos bosques a un ritmo tranquilo y disfrutón ya que pocas son las oportunidades de pedalear por semejante paraíso natural. Al final y en escasos segundo me decanto por una estrategia intermedia, intentaré ir alegre pero sin olvidar levantar la vista en todo momento para deleitarme con semejante espectáculo de la natura cántabra.

En estas cavilaciones estaba yo cuando pierdo de vista a los dos fugitivos pero todavía veo a Víctor y a Juanma y me pongo a su altura desde donde identificamos a Tony con su cámara estilo tupperware en lo alto de su casco. Decido entonces apretar un poco más todavía rodando por un resbaladizo y peligroso asfalto. Primer giro a la derecha y el asfalto deja paso a una pista cargada de barro, en estos primeros compases voy adelantando bikers sin cebarme pero a ritmo constante y alegre, atravesamos una zona de abundante eucalipto que desprende un aroma embriagador. En las primeras rampas empiezo a notar que la sobrecarga que arrastro en la cabeza del gemelo derecho comienza a protestar, y así, intento cambiar la posición y echarme hacia atrás para que el músculo se estire completamente y no dé tanta guerra pero poco a poco empieza a ser un incordio y decido aguantar hasta el primer avituallamiento donde subiré un centímetro la altura del sillín, esperando solucionar con ello las ingratas e inoportunas molestias.

Los primeros subi-bajas se hacen rápido, no recuerdo si llovía algo pero el agua y barro se acumulaba en mis gafas de tal manera que a duras penas podía ver por donde tenía que ir, bajando me engancho detrás de algún biker para leer mejor su trazada pero los extraños que hace me obligan a pasar delante y tirar a mi ritmo, en una de éstas, me desequilibro y noto como mi cuerpo se encuentra peligrosamente muy delante de la bici jugando temerariamente con la gravedad, decido levantar algo el pie pero a pesar de ello íbamos volando por estos primeros descensos.

Al llegar al avituallamiento de Caviedes decido llevar a cabo mi operación de sillín, bebo, como y continúo, donde apenas llevábamos 22 km. de ruta. La carretera que viene ahora es bastante rápida, así, que sigo manteniendo un ritmo ágil que me permita a su vez captar la magia de éste incomparable entorno con la espectacular visión de un mar de nubes y donde comienzo también a ver los primeros problemas mecánicos.

Kilómetro 26, llegamos al primer escollo de la ruta: La cocina, menudo pastel nos espera,-me digo-, y efectivamente allí nos esperaban las dos o tres rampas cargadas de barro donde decido desmontar y prácticamente las subo a pata a pesar de que la zona estaba trillada por máquinas y asentada con grandes piedras que invitaban a seguir pedaleando pero en éste punto prefiero conservar la mecánica y además subo igual de rápido que los valientes que se mantienen encima de sus monturas. Una vez arriba cogemos una carretera que nos llevará a la cumbre de El soplao, donde se sitúa el segundo avituallamiento. Igualmente, paro, cojo algo de comer y de beber y escucho al de la radio decir que la primera chica en pasar por éste punto es, -creo entender-, Noemí no sé que, así que pienso, -esta debe ser Noe y debe estar reventando la carrera-, sin tiempo para mucho más continuo pero, de nuevo las vistas del valle me obligan a tocar los frenos también el estado de la pista por la que descendemos llena de roderas enfangadas con piedra suelta en los fondos, vamos, un verdadero peligro.

En este punto intermedio comienzo a charlar con mis compañeros de ruta, y así, conozco a Siso, un vasco afincado en los sures peninsulares de buena conversación y de mejor cadencia, me cuenta que la semana pasada estuvo en los 101 de Ronda completándola en la modalidad de duatlón, ¡que tío!, no puedo por menos que felicitarle por acabarla y presentarse aquí sin apenas tiempo de recuperación. De esta forma vamos hablando de todo un poco, pero sin dejar de meter un buen ritmo, incluso hay momentos en los que nos organizamos para dar relevos los cuatro o cinco que nos juntamos en ese punto. Atravesamos Puente Nansa recordándonos la incomparable belleza que nos rodea en donde tomamos una pista a izquierdas dirigiéndonos a las famosas rampas del 23 %, y en donde cada uno se retuerce como puede sobre la bicicleta para superar éste punto. Subiendo el monte Aa tengo que levantar un poco el pie y dejo escapar a mi compañero Siso que parece ir bastante fuerte aunque también va guardando fuerzas, como me dijo, por lo que pueda pasar. El descenso del monte Aa se hace a un ritmo vertiginoso, apenas sin tiempo para echar un vistazo a las vistas, y donde pienso que la segunda parte de la estrategia se esfuma, aquella que decía, disfruta de éste marco incomparable pero es que metidos en faena poco a poco he ido empezando a pedirle más a la máquina.

Juanma y víctor disfrutando.

Sin levantar el pie y a plato atravesamos Ruente aquí el grupo se había deshecho y viajaba en solitario intentando dar caza a Siso pero que sin darme cuenta había adelantado bajando y venía por detrás. La entrada al Área recreativa Casa del Monte es una maravilla, el bosque y el río se funden en una estampa espectacular que apenas puedo contemplar debido a la alta velocidad.

Llegados al avituallamiento me pongo en la cola de la manguera para quitarle barro al asunto, y en donde tengo la sorpresa de reconocer a Noe y saludarla, también le comento que he oído que va primera y me dice que ¡Naranjas de la China! que la primera es Ada una chica de su equipo y que ella iba petada desde el principio de la carrera, la ánimo y nos deseamos suerte. Aquí me alcanza Siso para mi sorpresa puesto que venía por detrás. Después de engrasar la cadena y pillar alimentos decido tirar, pierdo de vista a mi compañero que ya no vería hasta la cena.

En la subida al Moral noto que las piernas empiezan a no ir, vacío el maillot de bocatas y plátanos puesto que creo que estoy comiendo demasiado y esto hace que la sangre se quede más tiempo en el estómago, defectos de la ciclo-aventura en la que comes sin parar y, hoy, el defecto me está pasando factura.

La subida de 14 kilómetros la hago muy despacio y en donde comienzan a pasarme infinidad de bikers, en el último paso, me dijeron que íbamos entre los doscientos primeros, no está nada mal, -me dije-, pero en la subida al Moral sé que esta posición se va a esfumar.

Con mucha paciencia voy tirando, y en las primeras rampas del puerto sucede una cosa increíble a la vez que bochornosa, pido al público que tire por mí una lata vacía de un refresco cualquiera, y así hago, con dificultades le doy la lata a una joven, pero de manera asombrosa oigo por detrás, -¡cerdos, pero seréis guarros!-...y un largo etcétera de improperios, entonces caigo en la cuenta que esta joven a tirado la lata al monte y claro un chaval de la zona que estaba allí animando la puso a caldo no sin razón. (Por favor más cuidadito en el monte tanto a los aficionados como a los bikers, que también dejan caer sus desperdicios).

En la subida conozco a un asturiano que el año pasado no pudo terminar pero que éste doy por seguro que lo hará pues sube a muy buen ritmo. Cada vez me cuesta más levantar la vista para disfrutar del entorno y es que estoy sufriendo cada vez más. Una vez en la primera falsa cumbre entablo conversación con un miembro del club Entreveredas que no estaba para mucha plática pero con el que coincidiré prácticamente el resto de la prueba.

Dejándome caer antes de iniciar el último repecho del puerto pasamos al lado del hombre del cencerro, al que no dudo en espetarle un: -¿Si quieres te llevo?-, y la carcajada que se oye es monumental viendo que apenas podía con mi alma.

Metido en faena.

El descenso del Moral es brutal, las primeras rampas son tendidas y se cogen velocidades muy altas hasta que llegas a unas curvas cerradas donde el año pasado casi me despeño pero que éste año recuerdo bastante bien por aquel pasado incidente y de esta forma las negocio con unas más que aceptables buenas maneras. Durante la bajada me meto un par de barritas y algún plátano y sigo apretando los dientes moviendo el plato a la vez que intento recuperar algo, cosa totalmente imposible, por cierto. En uno de los puentes que atravesamos veo a un fotógrafo que pasamos muy, muy, rápido y muy, muy, cerca y así seguiríamos hasta el final de la pista donde se coge la carretera, en éste punto me veo clavando frenos a tope, puesto que veo otro avituallamiento, de nuevo los defectos de la ciclo-aventura, falta bien poco para que la frenada acabe en lamentos pero consigo dominar la bici ante la atónita mirada de los espectadores allí congregados.

Cazado en pleno descenso.


Después de solventar a duras penas los tramos de carretera atravesamos Bárcena Mayor con sus calles empedradas y buscando con la mirada el siguiente avituallamiento donde no dudo en meter el plato y seguir tirando, una vez en el Área recreativa Llano castrillo decido no comer nada y beber abundante líquido a ver si así mejora el rendimiento, rápidamente continúo la marcha y noto que las piernas no van muy finas, así que, decido subir a ritmo y conservando, por si las moscas; me emparejo, de nuevo, con el chico de Entreveredas que ha recuperado algo el aliento e intercambiamos algunas palabras, pero al rato se me escaparía de nuevo. Por detrás me da alcance Marcos, me cuenta que lleva poco en esto de la bici escasos 6 meses, los que ha estado preparando esa prueba, que trabaja en el ayuntamiento de un pueblo cercano, cosa que puedo comprobar cuando saluda efusivamente a una pareja de conocidos guardias civiles. Mientras voy pensando que éste chico me dejará atrás en cuanto dejemos de hablar porque iba realmente bien. El puerto de Cruz de Fuentes no se hace especialmente duro gracias a los numerosos descansos pero los 17 kilómetros de puerto ponen a prueba incluso a las paciencias mas avezadas.

Feria haciendo historia en el Soplao.


Corono Cruz de Fuente con la buena compañía de Marcos, donde nos comentan que iremos entre los trescientos primero. Iba tan al límite que dije en un grito, -¡Firmo el trescientos!-y de esta manera descendemos por pista hasta el cruce con la carretera que nos llevará hasta el Puerto de Palomberas y en donde reconoceré a Santi, del equipo de Noe, otra rueda que no podría seguir, y es que estaba realmente muy al límite de mis reservas. El descenso por carretera es rápido y peligroso, hay mucha humedad y el piso está muy húmedo además de que la carretera está abierta al tráfico y en cualquier curva puede aparecer un imprevisto si apuras demasiado.

Después de dejar atrás el avituallamiento de Palombera vendrá mi verdadero Vía Crucis de la ruta, me cuesta mantener el equilibrio por las roderas de los coches evitando con ello las partes más embarradas que impiden ciclar con normalidad pero lo peor que llevo son los surcos dejados en la tierra por una máquina oruga, estos pequeños y continuos saltos provocan en mi trasero el mayor sufrimiento que pueda recordar y a ello hay que sumarle las muchas horas que llevamos encima de tan minúsculo sillín. El calvario, pues, lo encaro como un reto personal, quiero terminarlo y quiero hacerlo pedaleando aunque lo tenga que hacer muy, muy despacio. De nuevo me pasa el chico de Entreveredas y Santi que tomaré como referencias para ir aguantando y dosificando el largo e infernal repecho en el que me encontraba.

Una vez arriba, el traqueteo sobre las piedras hace que mis manos y brazos manden claros y profundos mensajes de dolor a mi sistema nervioso, me duele todo el tren superior, ahora recuerdo que no se debe escalar la semana anterior a éste tipo de citas pues las agujetas de los brazos te castigarán hasta las últimas terminaciones nerviosas de tu cuerpo. Bajaba tan tocado que tengo que parar a meterme un ibuprofeno, no podía con el dolor de brazos y hombros, así, como de dedos y manos; vamos, bajaba hecho una piltrafilla. Atravieso Los Tojos deseando que termine cuanto antes esta infernal y tortuosa bajada pues a mis manos y dedos les resultaba ardua la sencilla tares de apretar los frenos, era como si me estuviesen amartillando las manos.

Ya, en carretera y buscando el cruce que nos lleva de nuevo al Moral noto como el ibuprofeno empieza a hacer efecto y milagrosamente voy recuperando las buenas sensaciones. Bebo en el último avituallamiento, ese mismo en el que dejé buena parte de mis cubiertas bajando, y afortunadamente nada más. La última subida es un disfrute, a pesar del sufrimiento, sale el sol como si quisiera alumbrarnos los últimos momentos y empujarnos hacia la gloria, sabemos que una vez coronado El Moral, hemos tocado el cielo un año más. Durante la subida me uno al grupo de la tercera fémina, que entre todos los chicos la llevamos en volandas, -¿Quieres una barrita?, -Ponte a rueda que te llevo-, -¿Lleváis aceite?,-Sí, como no, toma. Y así nos deshacíamos todos en mil favores hacia ella. Sin duda, era un placer para nosotros contar con una fémina en nuestras filas.

Así pues, me pongo a rueda y subo detrás de ella hasta la cima a muy buen ritmo y de manera constante. En este momento las fuerzas no sobraban pero notaba la mejoría producida por el analgésico y ello me daba mucha moral en dicho puerto. De nuevo, en un último repecho, me cruzo con el hombre del cencerro y le digo, muy seriamente pero a la vez con una sonrisa solo comparable a esas que muestran los críos cuando saben que el timbre está a punto de sonar para dar por terminada las clases del día, y de esta manera le digo, -¿ahora sí que te llevo si quieres?- y las carcajadas por parte de ambos hacen aparición entre el espesor de la niebla.

Una vez arriba y sabiendo que lo que queda es descenso puro, decido tirar hasta meta con todo, la densa niebla nos espera en la cara norte de El Moral haciendo difícil y peligrosa la rápida y larga bajada, recuerdo las curvas así que las negocio satisfactoriamente y me lanzo en una especie de clímax y encabronamiento hacia Cabezón de la Sal, el ritmo que imprimo no es normal en los puestos en los que me encuentro pero es que quiero llegar a Cabezón dándolo todo y sin guardar nada en el depósito, y en esas me veo, adelantando a seis o siete bikers entre la niebla y apretando los dientes en solitario luchando contra un viento de cara más que molesto que hacía que por momentos me vaciase puesto que, de todos es sabido, que no se puede salir bien parado de tal confrontación con el dios eólico.

Y así en una mezcla de alegría, satisfacción, cabezonería, dolor y sufrimiento voy restando los últimos kilómetros que me quedan, la gente me anima al verme pasar y el vello se pone de punta en señal de gratitud mientras que alguna lágrima surca por mi rostro mezclándose con el agua y el barro provocando el éxtasis total y alcanzando la plenitud en una insondable felicidad.

La entrada al pueblo la realizo volando de tal manera que tengo que subirme a la acera tratando de esquivar los coches parados en mitad de la calzada y luego esquivando los bolardos que en esta había, puesto que ya estaba lanzado al sprint y que realizo como única muestra de gratitud que puedo ofrecernos. Y, así, de esta manera atravieso exhausto y vacío pero al mismo tiempo pletórico y muy satisfecho la línea de meta.

Cuando, al instante, un miembro de la organización me recibe mis primeros balbuceos son de un total y profundo agradecimiento por el estupendo trabajo que realizan superándose cada año, pregunto el tiempo y el puesto, 11 horas 15 minutos terminando en el puesto 304.


La meta.


Juanma y Víctor habiendo terminado felizmente la aventura.


La cuadrilla al completo.


Felicidades a todos: público, organizadores y participantes, y por supuesto a la cuadrilla quedadas por hacerme/nos pasar un fin de semana antológico.

Del cocido montañés y el chuletón que dimos cuenta en los Tojos os hablaré en otra ocasión.

¡Saludos!

5 comentarios:

NightJJR dijo...

Increible la cronica... aún a día de hoy esta ruta marca tanto que se siguen escribiendo cronicas de lo que vivio cada uno. Yo tarde un poquito mas en llegar... 16 horas 15 minutos... pero aun asi me senti realizado por conseguir terminarlo.

Un saludo y nos veremos por los montes. :-)

Noe dijo...

NightJJR tiene razon, esa ruta nos marca mucho. Es como la QH para los carreteros. El ambiente que se respira alli es increible, tanto para los que llegan delante, como para los ultimos en cruzar el arco.
Da igual el tiempo que hacemos, al final la satisfaccion es tremenda.
Una pena que no pudimos charlar mas en la carpa. Pero yo estaba tan destrozada que solo queria comer y luego pegarme una buena ducha, uff, que paliza.
A ver si nos saludamos mejor en la siguiente.
Un abrazo

Clara dijo...

Si es que sois todos unas maquinas,que gran relato y inolvidable experiencia..Algun dia espero realizarla y que mejor que junto a la cuadrilla

pablo.bk dijo...

Bufff, me has hecho revivir esos momentos que no quiero que se me olviden nunca.

Qué fantástico fin de semana pasamos.

Ahora tu y yo nos vemos envueltos en otra epopeya de cuidado. A ver qué contamos a la vuelta.

Annabel dijo...

Madre mía!!! sensacional crónica, la relatas tan bien, que he sufrido contigo y me he emocionado contigo....

El mundo es de los valientes!!!

Un abrazo