8 de marzo de 2010

Primera crónica: "Cuba en bicicleta"

Jueves, 25 de Febrero del 2010.



Sentado frente al ordenador en la sala de computación de la localidad de Viñales, provincia de Pinar del Río, trato de poner orden a cada sensación, a cada emoción y a cada recuerdo que se agolpa en mis dedos pidiendo ser transmitida y escrita en el papel.

Por dónde empezar?. -me pregunto-

El vuelo que me trajo a Cuba era una especie de pequeña comunidad en la que todo el pasaje confraterniza de una forma un tanto especial. Familias que entablan conversación con suma facilidad mientras sus niños corren despreocupados por los pasillos, mayores charlando amistosamente con sus compañeros de butaca tomando suaves tragos de ron cubano, azafatas atentas ante cualquier necesidad de los pasajeros o algún que otro valiente ciclo-aventurero que, como el que os escribe, carga su montura en el avión, para con ella, intentar conocer y comprender qué significado tiene realmente aquello cuando hablamos de Cuba.

Las 11 horas de vuelo que afrontamos pueden dejar a cualquiera bastante molido. Y así pues, una vez en La Habana y ya de noche, mi plan de montar la bici y buscar algún sitio dónde pernoctar se esfuma y ante la nueva perspectiva que se me ofrece decido con la ayuda de Antxón y Xabi -dos ciclo aventureros de Vitoria con los que comparto butaca en el avión- irme con ellos a una casa particular, ya reservada de antemano, donde trataremos de recuperarnos físicamente de las secuelas que produce adelantar 6 horas a los relojes biológicos.

En la casa, Elisa y su familia nos reciben con los brazos abiertos pero rápida y hábilmente nos preguntan, -pero, no erais dos?- sí pero ahora somos tres, decimos al unísono, y así, de una forma natural y familiar nos acogen a todos en su casa. A la mañana siguiente trato de ubicarme en el espacio y el tiempo que la ciudad de La Habana me ofrece, la temperatura es de unos veinte grados, la humedad muy alta y en las grandes calles de la capital los enormes símbolos nacionales de la Revolución cubana y su amplificada propaganda me sitúan en un mundo “socialista” completamente desconocido para mí, al que deberé irme acostumbrando rápidamente.

La Habana es una ciudad bulliciosa en la que por el momento no quiero sumergirme, así que, sin perder mucho tiempo ordeno mi bicicleta y pongo dirección al malecón, lugar por el que siguiendo la costa norte rumbo al oeste, trataré de ir, poco a poco, alcanzando la provincia más occidental de la isla, Pinar del Río, de la que tanto he leído y con la que tanto he soñado los días previos a mi partida.

Como siempre en estos casos la realidad de la situación supera con creces la ficción y, así, los abundantes campos de cultivo dónde los campesinos con sus viejas técnicas de cultivo, como esos bueyes que, tirando lenta y pesadamente de sus yuntas tratan de labrar la explosión de sabores que producirán en el paladar frutos como la banana, la piña, la papaya, la guayaba o la malanga, o cualquier otro de los muchos y sabrosos alimentos que la rica gastronomía cubana elabora con toda su sabiduría.

En el camino conozco a un gran número de ciclistas locales con los que comparto kilómetros y gracias a los cuales voy conociendo tanto el mundo ciclístico cubano como la depurada técnica local de modificar y reutilizar piezas de todo tipo para ir cubriendo las muchas necesidades que aquí se imponen a la hora de trabajar, moverse por el país o realizar cualquier otra actividad.

Y, así, a medida que se suceden mis etapas voy conociendo a diferentes familias con las que confraternizo y comparto grandes momentos conociendo de primera mano algunas de mis motivaciones que me lanzaron a esta aventura. La hospitalidad, la amabilidad y sobre todo el genuino desprendimiento que ofrece el pueblo cubano ante cualquier necesidad social son de una sinceridad, para mí, total y plenamente enriquecedora y auténtico ejemplo para el modo de vida occidental.

Por el momento durante mi travesía no he tenido la posibilidad de pernoctar bajo el cielo cubano pero espero que pronto pueda disfrutar de él en toda su dimensión. Y, así, a unos 50 kilómetros por día, avanzo lentamente por las bacheadas carreteras cubanas y progresivamente voy viendo cómo asoman por el horizonte los reconocibles mogotes que tanto caracterizan esta parte de la isla. Al tiempo que voy pensando en las satisfacciones que producirá en cualquier escalador trepar por esas grandes y bonitas paredes llenas de chorreras y estalactitas que la roca caliza moldea con el pausado ritmo de los años.




Bonita imagen de un ciclista cubano

Típica casa rural en la província de Pinar del río.


Panorámica de los famosos Mogotes en el Valle de Viñales.


Bonita estampa de Viñales.


Escalando en la Cueva de la Vaca. Viñales.


Disfrutando a tope de la caliza cubana.


De expedición espeleológica.


Hilario, sabio espeleólogo en pleno momento de trabajo, mirad en la roca.


Hilario y Osniel caminando por los montes sobre el diente de perro, nombre popular a la formación que toma esta roca en el suelo. Auténticas cuchillas!


Los excelentes trabajos de Hilario.


Lugar en el que acampamos la expedición espeleológica.

De los días de escalada y espeleología os hablaré en la próxima crónica.

Saludos!

Eduardo.




9 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Me ha encantado la crónica! Se ve que la isla te está inspirando, cual Hemingway. En tus líneas se lee el ambiente viajero y la aventura que ahora te envuelve. Y las fotos... muy buenas. Eso sí, se te empapadito de sudor; mi amorrrrr... jajajaja Un fuerte abrazo, nene!

Anónimo dijo...

Se me ha olvidado firmar el comentario de antes:

Lucas.

Changoooo!!!! dijo...

gracias compañero, es un placer leerte!
disfruta y llena la mochila de experiencias para que las puedas repartir cuando vuelvas
que tio mas grande!!

Anónimo dijo...

me alegro de saber que estás bien. Disfruta de tu aventura que nosotros ya lo hacemos con tus crónicas. Un abrazo.

Víctor

carlos Hervás dijo...

Disfruta a tope por los que no podemos ir.
Un abrazo

Clara dijo...

Serás cab…que envidia y encima nos relatas tu vivencia que tal detalle que nos trasportas un poquito a tu aventura, Edu me alegro mucho de que puedas vivir esta experiencia y aun mas que la compartas con nosotros un beso

pablo.bk dijo...

Qué grande Edu, qué grande! Un verdadero placer leerte, saber que te encuentras bien y que estás disfrutando una aventura al alcance de los más intrépidos.
Rueda, trepa, bucea... y cuéntalo.

Un fuerte abrazo,

Pablo.

Marcos dijo...

Me alegro de que lo estés viviendo tan intensamente.

Un abrazo

Marcos

CARLOS dijo...

Felicidades,por tu nueva aventura.
Descubr todas las formas de reciclaje que saben por allá ue en España las vamos a ncesitar todas,al paso que vamos.
Disfruta y cuidate.
Tio Carlos.